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Para que nadie en México se sienta humillado por el saqueo
interminable al que nos han sometido nuestros próceres
desde tiempo inmemorial, ahora tenemos el ejemplo del
megatrinquete que organizaron los santos barones del petróleo en Estados
Unidos, sin que un solo gobierno hubiera dado señales de
autoridad para defender los intereses de la borregada universal.
Dice Alejandro Gertz Manero que el atraco arrancó a raíz
del atentado brutal en Nueva York en 2001, que inexplicablemente
no fue previsto ni impedido por todas las agencias de inteligencia
que se gastan miles de millones de dólares en sus agudas
investigaciones, y que increíblemente no lograron detener a un grupo
de terroristas que estuvo organizando ese crimen durante
muchos meses.
A partir de ese momento, las baterías políticas se enfilaron
en contra del sátrapa de Irak, soslayando que dictadorzuelos
criminales como ése abundan por doquier (como en Corea del
Norte), sin que nadie les encamine una guerra global, que en este
caso obviamente estaba vinculada con el hecho de que Irak es la
segunda reserva mundial de petróleo y era el proveedor más
importante del combustible para Europa continental.
Después de una guerrita
de Nintendo, en la que el dictador y sus sicarios no metieron ni
las uñas, ese país fue invadido, y
ahí comenzó una tragedia de fracasos, abusos, errores,
criminalidad y violencia, mientras el petróleo empezó a subir de 15
dólares hasta 150 en la especulación más
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despiadada que se haya visto; para lo cual, el sistema
financiero de Estados Unidos generó una deuda presupuestal
desmesurada a través de petrodólares
falsos, que habrían de pagar los enormes precios del
combustible, y para que eso ocurriera, todas las autoridades financieras
metieron sus cabezas de avestruz en la arena del encubrimiento,
enseñando sus colas emplumadas, comenzando por el
administrador del Tesoro estadounidense, el banquero Paulson, que
"nunca vio" que sus compañeros de
oficio estaban reciclando los petrodólares falsos para generar
una espiral despiadada de gasto que olía a fraude por todos lados.
A la borregada universal la sedujeron los banqueros
regalándoles casas que no tenían con
qué pagar, coches que se llevaban prácticamente en forma
gratuita, tarjetas de crédito inacabables y toda la gama de gastos
superfluos que alguien pudiera imaginar, para así comprarles su
complicidad pasiva con esa "madre de todas las transas".
Así las cosas, el precio
del petróleo llegó a más de 150
dólares, y el costo de los combustibles, los fertilizantes, el
transporte y los insumos diversos elevó brutalmente los precios de los
alimentos básicos y empezó a distorsionar los fundamentos de
la economía, generando explosiones sociales en todo el
mundo, mientras los magnates continuaban piramidándose,
endeudándose y especulando, alegre e impunemente.
Frente a esa realidad, que estaba destruyendo la
economía mundial, el petróleo no pudo su
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bir más de precio y se tuvo
que detener la cadena especulativa, provocando que la rueda
empezara a girar en sentido contrario arrastrando a toda la cadena
económica que antes había alimentado; y así, la industria de la
construcción se desmoronó en todos los países; Citicorp, el banco
más importante del mundo, y todos sus similares quebraron
estrepitosamente, al igual que el icono General Motors y sus
competidores, para "culminar" con el
patético señor Bernie Madoff, que robó
a su propia comunidad y a todo el que le pasó por enfrente.
Ahora que el fraude ya explotó aparatosamente, el nuevo
gobierno en Estados Unidos está repitiendo, con angustia, las
fórmulas anteriores, ante el temor de irritar a los mafiosos
financieros que son capaces de lo inimaginable; y es así como se vuelve
a subsidiar la quiebra del sector bancario, de la industria de
la construcción, y a tantos otros distinguidos protagonistas del
atraco que arrastró al mundo entero, para que otra vez reinicien
los gastos superfluos que hundieron a la borregada, mientras los
magos de las finanzas y "los dueños del universo" de Wall Street
se rompen la cabeza no para resolver el problema, sino para
inventar un nuevo fraude que sustituya el fracaso del anterior, mientras
el ancianito desvergonzado y grotesco Alan Greenspan declara
cínicamente que nunca se dio cuenta de lo que él mismo
permitió.
Como puede verse, ya ni en los trinquetes, en la corrupción
y el cinismo tenemos el primer lugar, ¡ni modo!
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Un aniversario olvidado".
Así se llama hoy esta columnejilla. También podría llamarse "Un
olvidado aniversario", nombre aún más dramático y sonoro. El
aniversario a que aludo es el de la batalla del 2 de abril, en la
cual las armas mexicanas obtuvieron un importante triunfo sobre
los franceses en la lucha contra el Imperio de Maximiliano. ¿Por
qué no es recordada esa batalla, como se recuerda la del 5
de mayo, de Ignacio Zaragoza? Porque la victoria que digo la
ganó Porfirio Díaz, un héroe
condenado injustamente, igual que tantos otros buenos mexicanos, al
basurero creado por la mentirosa historia oficialista que se nos
enseñó, y que aún prevalece
sobre la verdad. Don Porfirio ha sido objeto de un trato muy injusto.
No se le reconoce el supremo patriotismo que mostró al hacer
renuncia voluntaria del poder, y desterrarse, para evitar que
México se bañara en sangre, como luego sucedió con aquellas
luchas "revolucionarias" de quítate
tú para ponerme yo. Por fortuna los méritos de don Porfirio
empiezan ya a apreciarse: en algunas ciudades hay estatuas suyas, o
calles con su nombre. Subsisten todavía, sin embargo,
prejuicios anacrónicos, y aún no se
hace justicia a este hombre bajo cuyo gobierno México tuvo paz y
alcanzó prosperidad, y cuyos errores fueron más fruto de su tiempo
y de las circunstancias que de sus ambiciones personales.
Llegará el día -cuando México sea un
país moderno, libre de dogmas, fincado en la verdad y en la
concordia- en que los restos A LA 4
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